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No hace mucho, en nuestro colegio, me tocó ayudar en el comedor. Un montón de alumnos, algunos monitores ausentes y además, unos estudiantes de intercambio ingleses acababan de llegar.
Tenía que cuidar que los alumnos de segundo de la ESO se comportaran bien y se alimentaran adecuadamente. Para poder salir al patio, debían enseñarme que se habían terminado su comida.
Sin embargo, en un comedor escolar, siempre hay formas creativas de evitar comer lo que no te gusta. (¿Quién no ha ocultado alguna vez un poco de verdura en el lugar más insospechado?)
Un alumno aprovechó que yo no era su monitor habitual, e ideó un plan para evitar comer sus lentejas. A pesar de su intento, lo descubrí justo cuando intentaba escabullirse.
Antes de que pudiera reprenderlo, me rogó con desesperación que le dejara pasar. Juraba que las lentejas le producían arcadas y que su monitora habitual lo sabía y se lo permitía.
En ese momento, no sabía si confiar en él o no. Así que decidí proponerle un trato:
–«Si realmente te resulta imposible comer esas lentejas, puedes irte. Confío en que me estás diciendo la verdad».
Se sintió aliviado, pero cuando se disponía a dejar el comedor, se giró y volvió:
–«Creo que puedo hacer el esfuerzo de comerlas. No me gustan, pero no es verdad que me den arcadas».
Este alumno podría haberse salido con la suya fácilmente. Pero decidió ser honesto. En su breve lucha interna, la verdad triunfó sobre la mentira.
Esta historia puede parecer trivial, pero nos muestra algo profundo. Cada uno de nosotros tiene su propio plato de lentejas, ese desafío o dificultad que debemos enfrentar. Y en estos momentos, también tenemos la opción de elegir la verdad.
Jesús también tuvo su "plato de lentejas" mucho más grande y desafiante. Y aún así, eligió la verdad y el amor.
Como educadores y pastoralistas, debemos recordar que estos momentos cotidianos en el comedor, en el patio, en el aula, son oportunidades para guiar a nuestros estudiantes hacia la verdad y el bien.
A veces, puede parecer que estamos rodeados de pequeñas muertes: dificultades, desafíos, decisiones equivocadas. Pero también dentro de nosotros habita un Dios resucitado. Un Dios que vence a la muerte y busca la verdad y el bien.
Como guías de nuestros estudiantes, nuestro objetivo es ayudarles a encontrar a ese Dios en su día a día. En la alegría y en la tristeza, en el éxito y en el fracaso, y sí, incluso en un plato de lentejas.
Así que, especialmente en estos días pascuales, busquemos a Dios en todas las cosas. Y enseñemos a nuestros estudiantes a hacer lo mismo.
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