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Conocer a Jesús
El llamamiento del rey temporal nos invita a seguir a Jesús y su poryecto vital. Ese seguimiento parte siempre de una llamada que es personal (nos llama por nuestro nombre como llamó a los apóstoles), pero que vivimos en comunidad, es decir, dentro de la Iglesia.
En nuestra vida recibimos muchas llamadas que nos reclaman un estilo de vida particular (dinero, individualismo, consumismo, tecología, imagen, lujo, poder,...). No todo tiene por qué ser malo y negativo, ni se trata de estar constamente condenándolo todo. Es de adultos reconocer que muchas de esas llamadas no nos proporcionan una plenitud de vida. En este mundo tenemos muchas cosas a nuestra disposición para hacer uso de ellas (con responsabilidad y pensando en los demás y en la casa común) y que pueden servirnos para ir creciendo como personas dde una forma más integral. El problema viene cuando todas esas llamadas se posicionan en el centro de nuestra vida. Entramos en una espiral de la que nos cuesta salir porque no llegamos a darnos cuenta de que esos centros nos descentran.
Jesús nos hace una primera llamada, que es una invitación a conocerlo, a saber de su vida. Jesús nos atrae y nos seduce para que sepamos cuáles son sus sueños, sus deseos, su palabra, a su padre (que es el nuestro), sus miedos, su modo de hacer. En definitiva, su persona, su mensaje y su radical empeño en traer el Reino de Dios a la tierra, algo que le costó la vida.
Jesús nos inivita para, en definitiva a enamorarnos de él, de su persona y de su proyecto. En resumen: a que sea Dios el que pase a ocupar el centro de nuestra vida.
La llamada es el punto fundamental del camino del cristiano con una fe madura y coherente, pero sería un error quedarnos en ella («hagamos tres tiendas»). Jesús nos invita a seguir y san Ignacio de Loyola nos dice en la contemplación que debemos dar todavía un paso más.




